Te reconquisto
o cómo te venden la idea de amor romántico y acabas en una relación tóxica
En el episodio anterior hemos hablado de dos tipos de nostalgia: la reflexiva y la restaurativa (a mí me gusta llamarla nostalgia reaccionaria y voy a continuar este texto denominándola reaccionaria). Hoy vamos a ver con ejemplos reales cómo la nostalgia reaccionaria está siendo usada por los movimientos de ultraderecha para manipular y transformar la melancolía en rabia y la rabia, por supuesto, en un voto para ellos.
Cómo funciona la nostalgia reaccionaria en cinco pasos
1. Diagnóstico emocional: «algo nos han arrebatado»
El punto de partida no es una idea, es una herida. El malestar de la gente (la precariedad, la soledad, la sensación de no llegar a fin de mes) se nombra, se valida y te dice que tienes razón en estar enfadado.
2. Idealización: «antes había orden, comunidad, seguridad»
Ese malestar se ancla en un pasado vago, brumoso, pero ellos lo iluminan. En ocasiones, no se especifica cuándo exactamente porque así cada uno proyecta su propia edad dorada. La vaguedad es deliberada.
3. Borrado histórico: lo malo desaparece
De ese pasado idealizado se eliminan quirúrgicamente la violencia, la pobreza, el machismo, la represión, la falta de derechos. Lo que queda es un escaparate. La nostalgia reaccionaria no recuerda el pasado: lo edita.
4. Culpable externo: alguien nos lo robó
El salto decisivo: el malestar del paso 1 ya no tiene causas estructurales, tiene enemigos con nombre. Feminismo, migrantes, globalismo, izquierda, élites, «wokismo». Los nuevos «judíos». Siempre necesitan un chivo expiatorio.
5. Promesa de restauración: «podemos volver»
El cierre del círculo. «Recuperar la nación», «volver al sentido común», «hacer grande de nuevo». No es un programa político: es una promesa emocional. Y como el pasado idealizado nunca existió, la promesa nunca puede incumplirse.
La Reconquista de VOX
«Yo no entiendo cómo se puede llamar reconquista a una cosa que dura ocho siglos». — José Ortega y Gasset, España invertebrada (1921)
La nostalgia reaccionaria necesita un relato de origen que presente un pasado idealizado como el estado «natural» de la nación y proponga restaurarlo en el presente.
En las estrategias electorales, en unos casos se utiliza un mito fundacional; algunos apelan a una edad dorada, otros a una victoria histórica o a un momento de soberanía.
VOX utiliza todas las estrategias para sembrar su semilla en la sociedad, y por supuesto, la nostalgia reaccionaria, para prometer que España volverá a ser grande. El partido intenta recuperar un pasado idealizado, libre de los cambios modernos. Una España editada por ellos.
El mito de la Reconquista como matriz fundacional. VOX lanzó su campaña andaluza de 2018 con el lema «La Reconquista comenzará en tierras andaluzas», y repitió el dispositivo en mítines en Covadonga (con la figura de Don Pelayo) y Burgos (el Cid). Es nostalgia reaccionaria en estado puro: un mito que la propia historiografía había dado por agotado y que el partido resucita como «verdad histórica» y como programa de acción («reconquistar para España su unidad nacional y su libertad», Abascal dixit).
Genealogía intelectual concreta. La nostalgia también se fabrica. No es algo improvisado. Este relato lleva gestándose mucho tiempo. Sus fuentes «intelectuales» vienen de la fundación DENAES y del «materialismo filosófico» de Gustavo Bueno (España frente a Europa, 1998), que reformuló los mitos nacionalistas con pretensión racionalista. La nostalgia reaccionaria no surge espontáneamente del «sentir popular», sino que tiene arquitectos intelectuales identificables.
Estructura «providencial» del relato. El triunfo electoral de VOX en Andalucía (2018) fue narrado por el propio partido como una gesta «milagrosa»: el presente político se vive y se relata como repetición del pasado mítico. Es el mecanismo exacto de la nostalgia restaurativa de Boym: el pasado no se evoca, se repite.
La doble función del enemigo. El relato necesita simultáneamente un enemigo externo (inmigrante, musulmanes, «élites globalistas») y enemigos internos: el «socialcomunismo»/separatismo , el feminismo o Pedro Sánchez). Esta estructura de chivos expiatorios es justo lo que conecta con la necesidad de culpables por la pérdida de ese pasado idealizado.
VOX trabaja sobre su deseo de devolver a España sus valores y glorias antiguas. En la teoría política, significa reconstruir el pasado como si este hubiese sido perfecto, borrando toda una realidad.
Esta idea de España (ponga aquí otro partido de ultraderecha y otro país y encontraremos similitudes) desarrolla varios puntos clave:
Tradición frente a modernidad: el discurso busca recuperar un orden social antiguo, con tradiciones claras y unidad nacional.
La culpa de los cambios: VOX señala que los problemas actuales (como la pérdida de identidad o la inseguridad) son culpa de la izquierda y de las políticas modernas.
Un enemigo común: para justificar este regreso al pasado, el partido culpa a agentes externos (como la inmigración ilegal) de destruir la «España pura».
Esto lo podemos ver a través de sus lemas/eslóganes:
«España Viva»
«Recuperemos España»
«Protege lo tuyo»
«Hacer España grande otra vez»
Pero VOX no solo utiliza la nostalgia de la España imperial/católica que usa para construir una identidad cerrada y defensiva. En España la nostalgia reaccionaria también se articula alrededor de otros pasados idealizados:
El franquismo blanqueado: no siempre se reivindica frontalmente. A menudo se presenta como «orden», «unidad», «paz», «familia», «autoridad», «España que funcionaba».
La Transición como cierre obligatorio: aquí la nostalgia no mira al franquismo sino al no remover el pasado. La memoria democrática se presenta como revancha, y la «concordia» como neutralización del conflicto. El caso más claro son las llamadas leyes de concordia impulsadas por PP y VOX en varias comunidades. Relatores de la ONU alertaron en 2024 de que podían invisibilizar graves violaciones de derechos humanos cometidas durante el franquismo. También destaca la derogación de las leyes de memoria democrática en las comunidades autónomas donde han tenido poder para hacerlo.
Una retórica muy peligrosa que pretende reescribir el pasado y plantea problemas de hoy, la mayoría de las veces deformados y exagerados, que pretenden ser solucionados con respuestas de ayer.
Unos eslóganes para que veas que es una herramienta muy usada por las derechas radicales y ultraderechas:
Nostalgia reaccionaria. Traducción política
Make America Great Again (MAGA). Recuperar la grandeza
Take Back Control (campaña Brexit). Recuperar el control
Dios, patria y familia. Meloni, Fratelli d’Italia Recuperar el pasado
Remettre la France en ordre
(«Poner Francia de nuevo en orden»)Le Pen. Recuperar el orden
America First (Trump). Prioridad nacional
Brasil acima de tudo, Deus acima de todos
Bolsonaro, Brasil (2018). Nación y Dios. Raíces
La nostalgia reaccionaria es una tecnología temporal. Toda ideología organiza el tiempo de forma distinta.
El progresismo clásico te dice que «el futuro será mejor que el pasado».
El conservadurismo clásico te dice que «avancemos despacio, que hay cosas que conservar».
La nostalgia reaccionaria te dice algo completamente distinto: «el futuro solo será bueno si conseguimos restaurar el pasado».
Ya no caminamos hacia delante. Caminamos hacia atrás.
La ultraderecha contemporánea no promete un futuro mejor. Promete recuperar un pasado (¿cuál? ¿en qué condiciones?).
Mientras los proyectos progresistas movilizan a la gente hacia el mañana («más derechos», «más igualdad», «más democracia»), la derecha radical y la ultraderecha la movilizan hacia ayer.
Cuanto más incierto parece el futuro, más atractiva se vuelve esa promesa de regreso.
Y eso explica por qué la ultraderecha contemporánea dedica tanta energía a disputar la memoria histórica, los símbolos nacionales, los monumentos, los nombres de las calles o los contenidos educativos. No son batallas sobre el pasado: son batallas por definir qué futuro resulta imaginable.
Como escribió Boym, «la nostalgia restauradora no busca contemplar el pasado, sino reconstruirlo como si pudiera volver a existir».
Con todo esto he querido mostraros la nostalgia no como emoción, sino como una tecnología política para colonizar el futuro mediante la reconstrucción selectiva del pasado.
Y con esto, voy a parar unas semanas. ¡Vacaciones!
Os debo más capítulos de la serie. Tengo que hablar del odio. Tengo que ponerme optimista. Tengo mucho material bruto e ideas. Pero tengo que parar. Voy a realizar mi merecida inmersión de vacaciones. Quizá, si me siento inspirada, deje alguna píldora programada para publicar. Me encantaría escribir un poco más ligero y de verano.
Si acabas de llegar, tienes unos cuantos artículos que creo que merecen la pena. Te dejo aquí el enlace con el orden según ha suscitado más lecturas y reacciones.
Os deseo unas muy buenas vacaciones y os doy las gracias por haber llegado hasta aquí.









Gran artículo. Ahora, a descansar